sábado, 13 de mayo de 2017

El pasillo de las fotos que oscilaban con el viento

Nunca había ido a la ex Esma, ese antro del horror de los años '70. Allí estuvieron desaparecidos miles de argentinos durante la última dictadura militar. Fueron torturados, algunas chicas parieron horas antes de que las tiren de un avión al Río de la Plata, seguramente en llanto por dejar atrás un pedacito de amor. Otro rehén, otra víctima. 

Pasó una vez. Y cientos.

Allí los condenados sin juicio escucharon los gritos de sus compatriotas festejando los goles argentinos que nos permitieron salir campeones del mundo por primera vez en el estadio de River, 1978. Ellos también gritaron. Fuera de las torturas, fuera de las quemadas con la brasa del cigarrillo de las hienas humanas que allí los tenían, fuera de la picana que recorría sus cuerpos, de los bofetones, de las violaciones, de los miembros quebrados por gusto y perversión gritaron los goles. Gritaban de argentinos, gritaban de alegría en medio de su tragedia inenarrable. Gritaban de empatía con ese pueblo que los ignoró, que quiso ser ciego, que tardó demasiado en despertar.

Finalmente, en octubre de 2015 pude ir. Me tomé el tren y me bajé en la estación que está a unas 10 cuadras para ir caminando con mi pareja.

Apenas entramos, fuimos a lo que había sido el Liceo Naval, una escuela secundaria. Al vernos en el hall, una señora que allí trabaja, creo que hermana de un desaparecido, nos empezó a contar. Yo me horroricé de que allí en la escuela, seguramente los niños escuchaban los alaridos del horror de "capucha" y "capuchita", cercanos, a menos de cien metros. Allí en las capuchas estaban detenidos y siendo torturados jóvenes no mucho mayores que ellos. Nada de eso les importaba a eso horripilantes sujetos.

La señora entonces nos llevó a un pasillo en donde estaban expuestas las fotos de cientos o miles de compañeros desaparecidos que habían pasado por ese antro. Las láminas, en blanco y negro, tipo documento, pendían tomadas con cordeles de sus esquinas superiores. Una corriente de viento que entraba por unas claraboyas hacía bambolear esos retratos de gente joven, mujeres y hombres, niños... raramente alguien de más de 40 años. En su balanceo por la brisa, producían un leve murmullo, como pedidos de auxilio sin esperanza. 

Empecé a llorar de golpe, casi como un volcán, incontenible. La garganta se me cerraba y en lo alto del pecho parecía que me crecía una masa rígida. Me descompuse. Nuestra guía se dió cuenta y nos sacó de allí al patio. Supo que no podría seguir la recorrida, dijo que me entendía. Mi pareja es cubana, no entendía nada.

Luego de un rato en el patio, sentado bajo los árboles, me calmé.

Capucha y capuchita estaban cerradas. Bueno, menos mal: hubiera sido casi suicida entrar.

Al salir nos fuimos caminando cerca de un kilómetro por avenida del Libertador hacia el centro.

Yo miraba los edificios de enfrente y pensaba si los torturadores al terminar su siniestra labor irían a sus casas a besar a sus hijos, si los ayudarían en sus tareas. Si colaborarían, al menos, en levantar los platos de la mesa. No me cabía en la cabeza que se pudiera hacer lo que ellos hicieron. En mi Argentina, un país que prácticamente no tuvo guerras, no tuvo odios. Un país bendecido por los elementos, de fértil suelo y clima moderado.

Pocos meses después leía el calvario de la hija de un torturador de allí. No, no ayudaban, no daban cariño ni siquiera a sus hijos. Eran perversos, inhumanos y torturadores incluso en sus casas.

Ayer leía lo que contaba la hija de uno de los mayores chacales de la represión y hablaba de lo mismo: jamás recibió cariño por parte de su padre, sólo golpes e insultos, desprecio, presión permanente e inhumana. Hasta se había cambiado el nombre. Ser hija de semejante sádico le cagó la vida, pero la resiliencia puede más y hoy empezó a ir a las marchas contra la impunidad, que cada vez son más numerosas. Ni siquiera el poder de fuego de los medios hegemónicos y su prédica mentirosa puede con el rechazo que sembraron esos malditos en nosotros.

Este pueblo no olvida: ¡Adonde vayan los iremos a buscar!



http://www.revistaanfibia.com/cronica/marche-contra-mi-padre-genocida/



Esteban Cámara
Santa Fe, 13 de mayo de 2017.

sábado, 6 de mayo de 2017

Mis Vecinos

Uno de mis vecinos es abogado, otro es contador, otro es maestro mayor de obras y construye y/o arregla viviendas por las inmediaciones con su pequeña empresita. 

Yo los escuché quejarse desde hace 2, 5, 7 años. Quejarse de los robos, de los planeros, de los piquetes (menos de uno, no del del campo, claro), del populismo, de la shegua, del impuesto a las ganancias, de que no podían comprar dólares y mucho más. Todos votaron a Macri, lógico.

“Ahora sí”, decían. “Se respira libertad”, “Cómo cambió este tipo el clima del país, hay alegría”, decían en diciembre de 2015. “Resultó ser un genio, este tipo”, agregaban. Se codeaban, sonriendo mientras me gozaban con la mirada. 

Cuando devaluaron se alegraron, salieron corriendo a comprar dólares. Supongo ahí que se dieron cuenta de que no tenían tantos pesos como para comprar muchos dólares a ese precio. En realidad pudieron comprar apenas un 70%, o menos, de lo que hubieran podido antes, en los tiempos en los que se quejaban de que tenían encima el peso dictatorial de un gobierno populista y su omnipresente AFIP. Pero con menos trámites. Seguramente miraron con envidia a los terratenientes (esos sí no viven en mi barrio) beneficiados por la baja de retenciones a la exportación, que de repente cambiaron la 4x4 y, pensaban justificadamente, que podían aprovechar mucho mejor el límite de compra irrestricto de 2 millones de dólares.

Cuando abrieron la importación se abrazaban en la vereda del barrio, imaginando la de cosas que podían comprar. Pero los precios no bajaron mucho. Es más varios subieron. ¿La gente despedida?, decían, “¡a mí que me importa!”. “Seguro son ñokis”, (con k), o “negros de mierda. “Yo lo que quiero es tener un Iphone como mi primo que vive en Los Ángeles”, decía el Contador. No mencionaba que el primo limpiaba piletas.

De los aumentos de nafta, luz y gas no decían mucho. De los precios de todo, enloquecidos, un poco se quejaron. Pero ya no le echaban la culpa a Moreno y al gobierno, como antes. Dejaron de ser expertos en el precio del pepino en Chile y del osobuco en Kirguistán. Ahora parece que ‘descubrieron’ que a los precios los aumentan los empresarios…

El primero que empezó a sentir el cambio fue el constructor. Lo empecé a ver a cada rato por el barrio. cuando antes salía a trabajar con las primeras luces y volvía ya de noche. El auto que él calculaba cambiar a principios de este año, sigue ahí. Y con la misma abolladura. Claro, varios de sus clientes se quedaron sin trabajo y se le paralizaron más de la mitad de las obras. Parece que tuvo que despedir a la mitad de la cuadrilla.

Después me llamó la atención que el Contador cambió su viejo teléfono celular no por un Iphone, sino por uno chino (no me preguntes la marca), de gama media. Escuché a la esposa rogarle al verdulero, nerviosa: parece que varios de los clientes eran PYMES afectadas por la importación. Varias se fundieron. El tipo luego desapareció del barrio: parece que a la guita la había puesto en la bicicleta financiera de un trucho que se fugó (hay un runrún de que está en Panamá). El contador le quedó debiendo hasta a la niñera, no sólo al verdulero, al almacén, al del taller mecánico que le tuneó el auto. Y a muchos más. Malvendió ése mismo auto nuevo, un Corolla, para cubrir una deuda antes de que lo caguen a palos y a la semana desapareció del barrio. 

La esposa del contador, docente, se tuvo que poner a dar clases particulares para poder pagar la luz y el gas. Sí, esa misma que antes se quejaba del impuesto a las ganancias hasta cuando saludaba. La que le metía k a todo: “kaka”, “kuka”, “kukukaka” y te miraba de arriba como si fuera oligarca. Ahora, ya sola, lleva las hijas en bicicleta a la escuela, olvidate del transporte escolar. Jah, ¡hasta va a las marchas pidiendo aumento de sueldo para poder salir de la franja de ingresos de pobreza!

Al abogado lo ví hace un par de días en el súper haciendo malabares para llegar a cubrir con varias tarjetas de crédito un carrito de compra que antes, con el anterior gobierno, estaba muchísimo más lleno. Pobre, uno de sus clientes era el contador, otro el arquitecto. Otros varios eran los dueños de esas mismas Pymes que se fundieron por la apertura de las importaciones. Encima le desvalijaron la casa y al otro día tuvo que ir a atender en su estudio con bermudas y remera gastada. Decí que este verano es largo.



(Ah, al primo del contador lo deportaron, ni el Iphone le dejaron traer. Tampoco el auto, apenas unos cientos de dólares. Pero eso es otra historia.)




Esteban Cámara
Santa Fe, 05 de mayo de 2017

Sobre la violencia polìtica de los décadas del 60 y 70 en Argentina

Hoy se vuelve a poner de moda aquello de "también la subversión mató gente".

No me voy a ocupar hoy del análisis de la oportunidad del surgimiento de la violencia política en la Argentina que arranca desde el asesinato de Dorrego o incluso antes, o del bombardeo de Plaza de Mayo en 1955 o de los 18 años de proscripción del Peronismo.

No, como dije hace mucho, lo vuelvo a decir y lo voy a seguir diciendo tantas veces como sea necesario: ¿nunca se preguntaron por qué no se juzgaron aquellos hechos "subversivos", ni siquiera en tiempos de la dictadura, cuando tenían la concentración de todos los poderes del estado: ejecutivo-judicial-pseudolegislativo (CAL)?

¿Jamás se preguntaron por qué hubo juicios en su momento y en cambio prefirieron asesinar, secuestrar, torturar, violar, robarles los hijos y los bienes, ocultar sus restos, tirarlos vivos desde aviones, etc? Y no sólo no hubo juicios porque los militares mataron a los sospechosos, a los testigos, a los vecinos y desaparecieron las pruebas. Directamente, jamás les importaron ni los juicios, ni las víctimas.

Lo dijo bien claro Videla poco antes de morir cagando en el inodoro de la celda a la que fue condenado a cadena perpetua por miles de secuestros y asesinatos: Había que disciplinar el país. Y eso significaba quitarles a los trabajadores los derechos que habìan recuperado con el Peronismo, apropiarse de empresas y robar todo lo posible, forzando de nuevo la balanza del poder todo lo que fuera posible hacia el establishment.


Esteban Cámara

Expertos en precios

¿Qué se hizo de los expertos en precios?


Hace entre 2 y 6 años, diariamente, me topaba con algún experto en el precio del rabanito en Chile o del caracú en Kirguistán. Estaban realmente indignados de que valieran, ponele, un 10% menos que acá. A mí me intrigaba eso, no entendía por qué les parecía tan maravilloso que existiera alguna diferencia.

Hoy, 2017, donde los precios DE TODO (gas, electricidad, nafta, carne, trigo, electrónicos, etc.) están realmente por las nubes, ya no saben más nada de precios. Ninguno de ellos habla de precios comparativos en el exterior.

También hace un tiempo me preguntaba que pasó con aquellos fanáticos de Brasil y de Dilma Rousseff que asolaban las oficinas entre los años 2009 y 2011. En esos años, Dilma era usada para denostar a Cristina, presentando a la presidenta brasileña como un modelo de tolerancia y respeto por el pensamiento diferente. Claro, ya para 2013 empezó a ser objeto, Dilma, del ataque de la jaurìa de medios al servicio de los intereses del establishment y de los yanquis que recibieron la orden de socabar su gobierno y posibilitar el golpe parlamentario que la despojó de su cargo. De pronto, sin la menor explicación y coherente con el momento comunicacional mencionado, desapareció el amor y la admiración que le tenían esos argentinos que menciono y dejaron de idolatrarla. Parecieran no tener un pensamiento propio.

Claro, ahora me doy cuenta de lo que pasa con los "expertos en precios": el programa de anoche ya no les dice qué deben decir en estos temas. Son gente que tiene la subjetividad expropiada. Se la han entregado, 'per se', al sistema de medios de comunicación. Ellos les dicen el día anterior qué deben decir, de qué deben burlarse, a quien deben odiar. Y lo peor de todo, es que se la han regalado, se han auto expropiado de su capacidad de interpretación del mundo. Y por nada.


http://www.diarioregistrado.com/economia/una-prueba-mas-de-la-estafa-que-sufren-los-argentinos-con-los-precios_a5902a942fc34787c07f71e0e


Esteban Cámara